Utilizando Prácticas de Innovación para Fines más Trascendentes que los Negocios

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Como aprendimos con nuestro maestro Fernando Flores, el proceso de innovación es un espacio de prácticas y habilidades humanas que se pueden aprender y enseñar. Una de las habilidades del innovador es precisamente la que lo hace sensible a las anomalías y las prácticas marginales. Las primeras, son aquellas situaciones que “no funcionan” (no calzan, no responden igual, no están bien diseñadas) y sin embargo convivimos con ellas. Ejemplos de anomalías hay por todos lados y en diferentes espacios. En procesos de negocio por ejemplo podemos considerar el esfuerzo que representa para todos nosotros ir al supermercado y llenar el carro de las provisiones que necesitamos para la semana y cuando estamos listos debemos enfrentar las filas insufribles (extensas colas) en las cajas para pagar nuestras compras. Una gran anomalía dado los tiempos tecnológicos que corren; sin embargo, convivimos con el problema que hasta lo damos por sentado (nos predisponemos para hacer fila).

Las prácticas marginales tienen que ver con esos primeros destellos de utilización de nuevas formas de hacer algo, usar tecnología o lanzar productos que aún no han alcanzado un grado de adopción relevantes (aún no son prácticas centrales). Aún falta el trabajo de movilización de estas prácticas marginales para convertirlas en centrales, generando nuevos mercados o resolviendo problemas estructurales en nuestra sociedad.

Volviendo al caso de las colas en los supermercados, podemos constatar que en Wal-Mart en EEUU ya tienen disponibles las cajas en las que uno mismo se cobra y paga su compra. Aún no es una práctica central pero comienza a desarrollarse a medida que los resultados acompañan a la adopción.

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Considerando este ejemplo y preferentemente la perspectiva para observar un caso de innovación que está en gestación.

La anomalía es que en el caso de catástrofes, naturales y causados por el hombre, por lo general se cortan las comunicaciones telefónicas fijas y móviles así como también la transmisión de datos e Internet. Esta situación anómala se sigue repitiendo una y otra vez aún y cuando vivimos en un mundo donde la infraestructura de telecomunicaciones se expande y desarrolla en dirección a todos los rincones del planeta. Casos de catástrofe en los que se ha vivido esta situación, nos llevan desde las torres gemelas, hasta los recientes terremotos de Haití, Japón y Chile, agravando las consecuencias de por sí difíciles de lidiar con estos eventos.

Uno de los problemas críticos de considerar en estas situaciones es el de la complejidad que enfrentan los cuerpos de rescate por no tener forma de comunicarse con los sobrevivientes (saturación y caída de líneas, interrupción de antenas de comunicación) ni de un lado ni de otro haciendo más difíciles las tareas de rescate. Vean lo que puede hacer la comunicación como en el caso de los mineros chilenos que quedaron atrapados y cuyo simple mensaje fue “estamos bien los 33”

Tengo un buen amigo de la infancia Leonardo Ramirez que, además de ser muy inteligente para estudiar un doctorado en Alemania, ha resultado un innovador puesto que con su equipo de trabajo tomaron esta “anomalía” de las comunicaciones en zonas de catástrofes y observaron que era posible hacerse cargo de esta anomalía y generar un radio de comunicación limitado pero efectivo

¿Pero Cómo?

Utilizando los modems (Access Points) que las empresas instalan en todas las casas que utilizan el servicio de internet. Ellos descubrieron que aún y cuando no transmitan datos irradian una señal permanente que es la que uno puede constatar cuando hace un rastreo de señales de redes inalámbricas con su teléfono móvil para conectarse. Como se muestra en la figura a continuación

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Ellos determinaron que el radio de la señal se mantiene vivo y útil por unos 100 mts y que soporta mensajes de hasta 27 caracteres (suficiente para escribir: “estoy atrapado en el sótano”). La innovación es que esta “red local” podría ser utilizada por rescatistas y sobrevivientes para comunicarse a través de una App que desarrollaron para este efecto y que permite modificar el identificador de la red wifi (SSID) con mensajes de solicitud de ayuda (pedidos) o de asistencia por parte de los rescatistas (ofertas).

La Aplicación está en fase de pruebas y ajustes y restan aún desafíos para escalar y masificar; sin embargo, y como es parte del proceso de innovación el perseverar en la etapa de movilización es lo que puede abrir posibilidades de hacerse cargo de un problema tan relevante como la isla de incomunicación que se genera en las zonas de desastre.

Así que bienvenida la innovación que nos ayuda a mejorar las condiciones de vida, satisfacción y felicidad

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